MANIOBRAS TURBIAS Y SEMEJANZAS CON EL CHAVISMO.

Primero fue el adelantamiento inconsulto de las elecciones; después, las candidaturas truchas; los aprietes a los intendentes y gobernadores, obligados a cumplir el indecoroso papel de candidatos falsos para que las remesas que se dan y se quitan por la mera voluntad del príncipe sigan llegando; y más tarde lo de siempre: el impúdico uso de los fondos públicos con fines proselitistas.

Ahora se le ha sumado a ese repertorio infame de la “viveza criolla” un nuevo recurso, que lleva las cosas al patetismo más burdo: buscaron a una persona que tuviera el mismo apellido que el primer candidato a diputado nacional de la Unión-Pro por la Pcia. de Buenos Aires y lo ubicaron al tope de una lista, a fin de que algunos o tal vez muchos votantes puedan confundirse y terminen votando al Narváez ignoto.

Hemos dicho desde esta mi columna en reiteradas ocasiones, que esas triquiñuelas revelan una falta absoluta de respeto antes que nada por los electores más humildes, aquellos que lamentablemente en estos años han votado al kirchnerismo como ayer votaban al duhaldismo y al menemismo, en virtud del abuso del aparato estatal.

A ellos habrá que liberarlos algún día de ese yugo, para que si quieren votar al peronismo lo hagan desde la convicción, no desde la necesidad.

Pero todos estos artilugios generan también, en otros sectores, un hastío del que es hija la indiferencia cívica. Mucha gente termina por creer que somos todos iguales y que no hay otra forma de hacer política que no sea la mentira, la estafa, la manipulación, el abuso de poder.

El mayor triunfo de los sinvergüenzas sería que la sociedad pensara que son todos sinvergüenzas.

No, no somos todos iguales. No todos mentimos descaradamente, no todos violamos continuamente la Constitución, no todos nos enriquecemos al pasar por la función pública.

Cuántos argentinos de bien, con sólida formación y con vocación por la cosa pública prefieren no embarrarse en este lodazal. Hay que luchar contra esa percepción social, porque sin una recuperación de la confianza en otra forma de hacer política iremos directamente al chavismo.

EL 25 DE MAYO

El lunes pasado se conmemoró el 25 de Mayo. No hace falta precisar aquí lo que esa fecha significa para todos los argentinos.

Es el día en que renovamos nuestros votos como ciudadanos de una república libre.

Es una jornada de alegría cívica y de honda emoción, por la celebración de la gesta de Mayo y porque necesariamente el recuerdo nos lleva a nuestra infancia, a los actos escolares, la bandera y la escarapela, el himno y las oraciones patrias.

Pero este año esa fecha fue un día especial. No sólo por la insólita temperatura estival, que tanto contrasta con esos recuerdos de celebraciones en medio del frío intenso, sino porque la primera mandataria olvidó una vez más cumplir con los deberes que trae aparejados su alto cargo.

Se olvidó que es la presidenta de la Nación y que su palabra en Misiones debía responder a esa representación en una fecha patria, máxime cuando el año próximo celebraremos el bicentenario de la Revolución de Mayo.

Pero no fue así. Aprovechó la magna ocasión y la cadena nacional para hacer un acto partidario, en el que volvió a exaltar esa idea metafísica o esotérica a la que su marido y ella denominan el “modelo”.

De tal forma, volvió a identificar a ese modelo – que no es otra cosa que la acumulación de poder y riqueza de un matrimonio – con la patria misma, lo que, llevado a su extremo, constituiría nada menos que la base de un régimen totalitario.

Nos queda el consuelo de saber que esta pesadilla no durará mucho más y que no está lejano el día en que los argentinos podamos volver a festejar todos juntos el 25 de Mayo.

EL TOTALITARISMO CHAVISTA

Una vez más debemos ocuparnos del régimen de Chávez.

Todo indica que se encuentra en una fase de profundización del modelo populista ya con serios riesgos de devenir en totalitario.

La semana pasada nos enteramos de la política de expropiaciones que no tiene otra finalidad que la de exacerbar el control personalista del caudillejo caribeño sobre todos los resortes de la economía.

Horas antes, Chávez, el mejor y casi único amigo en el mundo de los Kirchner, había estado en nuestro país, disfrutando de la generosa camaradería del matrimonio austral. Es inimaginable que en esas largas conversaciones no les haya anticipado la decisión que adoptaría, dado que sus acciones “soberanizadoras” afectan también a empresas argentinas.

La presidenta ha mantenido silencio frente a ese atropello, y uno puede sospechar que no es el silencio de la prudencia sino de la íntima satisfacción.

Es grave que un país dependa de otro para pagar sus deudas a una tasa de interés lesiva de su soberanía, o para obtener la energía indispensable para sus necesidades, o que flote la permanente sospecha de valijas que circulan alegremente de un territorio a otro, sin ningún tipo de control, conteniendo dinero – aparentemente – ilegal.

Pero ya resulta el colmo que el tiranuelo tropical nos insulte diciendo desde tierras brasileñas “estamos en una fase de nacionalización de empresas, en el país, menos las brasileñas”. Tremendo exabrupto, peyorativo de la soberanía nacional, no ha merecido una firme respuesta de nuestra Presidenta.

Nuestra dependencia de Chavez es total. Nos quejamos de las famosas y, desde luego, vituperables “relaciones carnales” de nuestro país con los EEUU, en la época de Menem y, ahora, guardamos un humillante silencio frente a este atropello.

Pasamos entonces de “relaciones carnales” a “relaciones incestuosas” con Venezuela, que nos han convertido en el patio trasero de la dictadura chavista.

Ahora hemos sabido de la detención en el aeropuerto por tres horas del ensayista Alvaro Vargas Llosa y, en forma casi inmediata, la de su padre Mario Vargas Llosas, uno de los más prestigiosos escritores contemporáneos.

El delito de los detenidos es muy grave en Venzuela:…pensar. Fueron invitados a sendos foros sobre democracia y libertad económica, y Chávez teme que expresen sus ideas, que opinen como, sin dudas, lo harán de un modo completamente diverso al que estima aceptable, quien se cree la reencarnación de Simón Bolívar.

Según el gobierno venezolano, en su territorio los extranjeros no pueden expresar opiniones políticas.

Esto, además de aberrante, es falso, ya que continuamente son invitados extranjeros que opinan de política, claro que en forma de elogios rayanos en el ridículo a Chávez. También se pueden expresar denostando a los dirigentes opositores de la manera más libre. Por cierto, en esos casos el gobierno no entiende que se afecte la soberanía de Venezuela.

Lo peor es que cada vez más son los propios venezolanos los que ven cerrados sus canales de expresión.

Es triste que esto ocurra en un país hermano, pero es más triste que el régimen que así actúa sea el espejo en el que se mira nuestro gobierno.

Viernes 29 de mayo de 2009.-

jrenriquez2000@gmail.com

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